martes, 20 de septiembre de 2016

Una huelga en Vizcaya



Vicente Cutanda no encajaba. Había nacido en Madrid en 1850, en una familia acomodada y de elevado nivel intelectual. Su padre era un insigne botánico y reconocido catedrático universitario pero Vicente, además de destacar por su talento para la pintura, llamaba la atención porque no se acomodaba a las convenciones de la clase social a la que, teóricamente, pertenecía.

Tanto es así, que durante una época incierta, entorno a los año 1890-1892, se trasladó a vivir a Barakaldo y, al parecer, buscó trabajo como obrero manual en la industria vizcaína de aquella época, con el fin de vivir en primera persona las condiciones de vida del proletariado. De vivir la revolución desde dentro.

Fruto de aquella experiencia son varias de sus obras, entre las cuales "Una huelga en Vizcaya", que ilustra esta entrada, es especialmente notable.

El cuadro es espectacular. Mide cinco metros y medio de largo y casi tres de alto. Se trata de una composición al estilo del romanticismo, con el foco puesto en un personaje central, elevado, con los brazos en alto, exaltando a las masas.

La disposición de los cuerpos recuerda a los grandes cuadros de épica histórica, como "La libertad guiando al pueblo" de Eugène Delacroix o algunos de los grandes cuadros de Jacques-Louis David, como "El rapto de las sabinas" o "El juramento del Juego de Pelota", pero avanza un paso más allá del romanticismo, incluso cuando éste sirvió a los ideales de la revolución burguesa, para glorificar la revolución obrera, la lucha contra la injusticia, contra la explotación.

El cuadro en sí tiene una historia curiosa. Tras ganar la Medalla de primera clase de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1892 fue adquirido por el Museo del Prado y, en tanto que era obra de un artista contemporáneo, fue transferido a Museo de Arte Moderno, entonces recién creado, antecesor del actual Centro Reina Sofia.

Al parecer, durante la Guerra Civil, el cuadro fue cedido en préstamo al Ministerio de Trabajo, donde se guardó a la espera de encontrarle ubicación, algo que nunca sucedió pues, al finalizar la contienda, no parecía muy apropiado para decorar la pared de un ministerio franquista.

Se perdieron los registros y el cuadro se olvidó y, el propio Museo del Prado lo daba por perdido hasta que, fruto del empeño personal del subdirector de conservación, José Luis Díez, ahora director del nuevo Museo de las Colecciones Reales, apareció en el sótano del ministerio, enrollado, medio podrido por la humedad, en el año 2003.

Tras somerterlo a una larga y muy trabajosa restauración, en la actualidad se exhibe con todo el derecho, en el Museo del Prado, en las salas de pintura española del siglo XIX que, lógicamente, con el devenir de los años, ha dejado de ser pintura contemporánea.

Pues bien, hay actitudes que deberían también colgarse en las paredes de un museo de antigüedades pero que, por desgracia, vemos todos los días.

Existe una teoría política, que se confirma cada día, que explica que una de las paradojas de la organización y la movilización social, son los denodados intentos de las élites y de las burocracias y aparatos de las organizaciones de perpetuarse más allá de sus objetivos.

Es decir, en el devenir de una organización, es lógico llegar al momento de la profesionalización de su gestión, con lo que gana en eficiencia de forma exponencial, pero dar ese paso supone que, por mucho que un partido político o un sindicato, por ejemplo, logren finalmente los objetivos para los que fueron creados, el afán personal, y humanamente lógico por otro lado, de esos profesionales de conservar su puesto de trabajo y su medio de vida, provocan que la organización trascienda a sus propios objetivos.

El otro día leía un artículo muy interesante en edición europea de la revista Politico al respecto de que las ONGs que militan en contra del acuerdo TTIP están matando a la gallina de los huevos de oro... sobre la base de acumular mentira tras mentira y de intoxicar a la opinión pública, están triunfando de tal modo, que en breve se van a quedar sin enemigo. Pues apostaría a que, cuando el TTIP se dé por liquidado, la mayoría de ellas se buscarán enemigos nuevos contra los que combatir.

Este es el mal que aqueja a algunos de nuestros sindicatos hoy en día. Se empeñan, una y otra vez, en clamar sobre la explotación laboral que sufren los trabajadores en Euskadi, hoy, en 2016. No ahorran en frases grandilocuentes, no escatiman en lenguaje de lucha y, cuando oyes ciertos discursos, según avanzan, te vas convenciendo que terminarán exhortando a tomar las armas y plantar barricadas en las calles.... y resulta que el porcentaje de sindicación entre los trabajadores vascos, hoy, en 2016, es tan ínfimo, que da risa.

Si esa realidad, que estos sindicatos se empeñan en vender fuera tal, los trabajadores y las trabajadoras lo percibirían y verían la necesidad de afiliarse, ¿verdad?... pues el caso es que les falla el argumento por la base y los aparatos de los sindicatos, sus contratados y liberados no quieren darse cuenta pues, al fin y al cabo, les va en ello su sueldo.

En esa dinámica se enmarca la actitud del "sindicato mayoritario en Euskadi". "Mayoritario" en esa pelea de liliputienses que mantienen los sindicatos vascos en la actualidad.

La lectura que han hecho sus élites ha sido: debemos exacerbar el conflicto para pervivir, debemos crear conflicto donde no lo haya para ganar en afiliados y, sobre todo, dar mucho bombo mediático a cualquier cosa que hagamos para que los trabajadores sigan pensando que nuestra labor sirve para algo.

Ahora bien, tampoco quieren que los trabajadores ocupen los medios de producción, como pediría una huelga en Bizkaia en 1892, mediante la cooperativización de las empresas por ejemplo, porque eso también les haría desaparecer como organización y sus liberados tendrían que volver a trabajar en su puesto, en la línea de producción de una fábrica.

Con esa actitud han conseguido que, en lugar de ser un instrumento para resolver problemas, su organización sea el verdadero problema y están traicionando los intereses de las personas que dicen defender al negarse, siquiera, a participar, por ejemplo, en la mesa de diálogo social... llegando a convocar manifestaciones contra el hecho de que haya organizaciones que sí asuman su responsabilidad y traten de dialogar buscando soluciones.

En la sociedad de 2016, la sociedad más culta e informada de la historia de la humanidad, existe el riesgo de que en las grandes decisiones sometidas a referéndum o escrutinio social, decisiones complejas que requieren un análisis de pros y contras de cierta profundidad, las mentiras calen y se tomen decisiones contra toda lógica, como está sucediendo con el TTIP o como ha sucedido con el Brexit, en el Reino Unido, pero el "sindicato mayoritario en Euskadi" debería renunciar a esta esperanza porque los trabajadores y las trabajadores de Euskadi, contrastan sus mensajes con lo que ven en su día a día, de forma inmediata. Ellos y ellas saben mejor que nadie cuál es su realidad.

En 1892, Vicente Cutanda retrató una visión romántica de la lucha obrera que, por desgracia para el romanticismo (o por suerte, en realidad), en el siglo XXI no tiene cabida. Sí, la vanguardia revolucionaria formada por los mineros marcha sobre Madrid, al son de la música, de las canciones revolucionarias, iluminando su camino con antorchas y portando banderas rojas al viento pero ¡lo hace para reivindicar subvenciones para sus patronos!



Ilustración: Una huelga en Vizcaya. Vicente Cutanda. Hacia 1892. Óleo sobre lienzo 275 x 550 cm. Museo del Prado.

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jueves, 8 de septiembre de 2016

¿Un Pokemon en mi fábrica?


Les voy a confesar una cosa: me gusta mucho la concepción, la idea del juego para móviles llamado Pokemon GO, del que tanto se ha hablado en los medios de comunicación este verano.

No, no lo he instalado en mi móvil pero he compartido algunos ratos muy divertidos con mi hija y mis sobrinos, mientras buscaban Pokemons, los evolucionaban, los entrenaban, los perdían y los ganaban.

La idea es sencilla pero muy ingeniosa: una vez instalado el juego en un teléfono móvil con sistema GPS, la base del juego es un mapa, que coincide con el terreno real que rodea al jugador, con éste situado en el centro, de modo que, para poder capturar Pokemons, llevarlos a competir o para cualquier otra acción del juego, es necesario que los jugadores se desplacen en la realidad de un sitio a otro.

Y, en fin, ¿qué quieren que les diga?... siendo como son irresistibles los video-juegos, me parece mucho más interesante que los chavales andén por la calle, mientras les da el aire y el sol, frente a que estén encerrados en casa sentados en el sofá con la consola.

Sucede que, respecto de cualquier novedad o innovación, siempre es mucho más noticiable todo aspecto negativo. Este verano han proliferado las noticias sobre accidentes mientras se jugaba a Pokemon GO, de la misma manera que el pasado verano lo hicieron respecto a personas que, en ese momento preciso, se hacían un “selfie”

Pero no culpen a los medios… ni siquiera a la sociedad moderna, esto es efecto de nuestro morbo social y, además siempre ha sido así. Los medios se limitan a aprovecharse de ello.

Ahora, es todo lo relacionado con móviles e Internet o con los drones voladores pero, en Bilbao y en Vitoria, por ejemplo, los meses posteriores a la inauguración del tranvía, las noticias sobre accidentes o incidentes con el nuevo medio de transporte como protagonista, eran una constante… hace cien años, abundaban las noticias giraban en torno a los atropellos con los nuevos vehículos automóviles, respecto a la electricidad o respecto de los peligros del teléfono…. y, en breve, comenzaremos a recibir informaciones sobre un accidente en Iowa, Dakar o Nagasaki con un vehículo autónomo implicado. Al tiempo.

Esperen... no activen todavía las alarmas de off-topic, que ya llego: ¿Por qué les cuento mis opiniones sobre Pokemon GO en este blog?.... pues porque una de nuestras multinacionales ha distribuido una circular entre sus fábricas de todo el mundo, explicando cómo pueden evitar que quitar un gimnasio o una Pokeparada (PokeStop) de dentro de sus instalaciones.

Sí, como lo oyen… sucede que el juego distribuye los distintos hitos del juego, de forma más o menos aleatoria, por todo el planeta y puede coincidir con que, dentro del perímetro de una industria química se esconda un monstruo especialmente raro y valioso con lo que, puede suceder con que algún aventurado jugador acceda al interior de sus instalaciones industriales en su busca.

Obviamente esto no debe ser posible. Desde AVEQ-KIMIKA llevamos muchos años abogando por un estricto control perimetral de las instalaciones, que no siempre es fácil.

La situación ideal esque la fábrica esté rodeada por una valla exterior, con el parking dentro del recinto, con una cabina de control en la verja y tornos para poder acceder de modo que, en todo momento, el departamento de seguridad sepa cuantas personas hay en el interior de las instalaciones y con qué propósito.

Estas medidas no son solo necesarias para la seguridad laboral o para una adecuada coordinación de actividades con las contratas, también por la seguridad frente amenazas exteriores, lo que los anglo-sajones llaman “security” y que distingue de “safety”.

Cuentan los veteranos de la industria historias de cuando dos avezados supuestos operarios, uniformados con mono de trabajo y todo, accedían con un camión a las instalaciones sin que nadie les diera el alto, colocaban el vehículo cerca del taller de mantenimiento y dedicaban la mañana a arramplar, eso sí, con toda apariencia de profesionalidad, con cualquier cosa que tuviera algo de valor en el mercado de la chatarra… o cuando, una mañana encontraron unos zapatos dentro de un tanque de ácido y ni rastro de su propietario… o cuando entraron a robar cable… esas cosas ya no suceden, o no deberían suceder, y la forma de evitarlas es tener asegurado el control perimetral.

Es cierto, no puedo negárselo, que supone una cierta inversión y que, dependiendo de la situación de las instalaciones, no siempre es físicamente posible, por ejemplo para una pequeña instalación ubicada en un pabellón en un polígono industrial, pero es importante que este aspecto concreto de la seguridad sea abordado y, en la medida de lo posible, cubierto y asegurado.

De todas maneras, los diseñadores de Pokemon GO ponen a disposición de todo el mundo este enlace para evitar ser parte del juego. Si han notado que últimamente chavales armados con móviles rondan sus instalaciones, les recomendaría que lo comprobaran y la forma más sencilla de hacerlo, es que alguno de sus sobrinos les preste el móvil…

Request removal of a PokéStop or Gym.

Como dice el director de HSE de está multinacional “I realize that this is one of my strangest requests since long time!!”… pero, es mejor que no se confíe, el mundo sigue avanzando y llegarán cosas más extrañas… seguro.


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La imagen que ilustra la entrada es cortesía de www.deia.com: "Pokémon GO captura Bizkaia"

miércoles, 31 de agosto de 2016

Normas APQs y planificación



Tengo escrita una extensa pero muy interesante introducción a esta entrada contándoles la historia de la Línea Maginot. La historia de cómo Francia, aún traumatizada por al 1ª Guerra Mundial, gastó miles de millones en una formidable línea defensiva que recorría toda su frontera con Alemania.

De cómo, en lugar de en modernizar su aviación y sus tanques como pedían algunos de sus generales, entre otros el general De Gaulle, la República Francesa gastó sus recursos en una formidable e infranqueable barrera de fuertes, trincheras y búnkers que, en 1940, los tanques alemanes se limitaron a rodear por el norte, atravesando Bélgica, haciéndola completamente inútil.

De cómo un error de concepto, de planificación, puede hacer inútil la más grande de las inversiones.

Pero he pensado que la moraleja de la historia ya se la saben, que recién llegados de vacaciones, con la bandeja de entrada del email rebosante, no estarían ustedes para mucha literatura y que era mejor ir directamente al grano.

El 12 de febrero de 2015 celebramos en AVEQ-KIMIKA una jornada muy interesante en la que participaron dos de las técnicos que estaban trabajando directamente en la redacción de las nuevas normas de Almacenamiento de Productos Químicos, las Instrucciones Técnicas Complementarias, conocidas por todos como Normas APQ. Aquí les conté mis conclusiones.

El objetivo inicial de la revisión, que la hace obligatoria, es el cambio radical que ha sufrido el sistema de clasificación de productos químicos con la entrada en vigor definitiva del Reglamento CLP, obligatorio para todos los productos químicos desde el pasado mes de junio de 2015.

En este enlace pueden descargar los borradores de normas APQ, tal como estaban en febrero de 2015, y en este, un bienintencionado documento del Instituto Nacional de Seguridad e Higiene en el Trabajo, de diciembre de 2014, sobre las equivalencias entre la antigua normativa de etiquetado y el Reglamento CLP y cómo afectan los cambios a los almacenamientos. Digo "bienintencionado" porque esas supuestas equivalencias no son ni mucho menos exactas.

A pesar de estar situadas en el escalón más bajo de la pirámide normativa, las APQs han sido históricamente fuente de bastantes problemas para la industria. En realidad, de su lectura se deduce que son solamente listados de buenas prácticas de ingeniería que deben condicionar la redacción de los proyectos de instalación de almacenamiento, Nn más ni menos, pero que, al incluirse como prescripciones obligatorias, por ejemplo marcando distancias mínimas entre depósitos, supuso en su momento un verdadero quebradero de cabeza para muchas empresas antiguas, que pretendieron adaptarse y en las que, fisicamente, era imposible ampliar espacios.

Es quizás por ello que, cualquier novedad, cualquier cambio en las normas APQ es mirado por la industria con cierto recelo y, sobretodo, preocupación.

De aquella jornada salimos con cierta esperanza. Ambas ponentes, tanto Marta Mendoza como Ana Fortea, demostraron gran pericia técnica, experiencia, conocimientos y capacidad de diálogo. Tomaron nota de las muchas aportaciones y comentarios que hicieron los técnicos de la industria que en un año y medio, más o menos, tendríamos normas nuevas.

No les oculto que hubo detalles que no nos gustaron. Por ejemplo, las tres normas APQ en vigor desde 2001 más importantes, la APQ-1 (Líquidos inflamables y combustibles), APQ-6 (Líquidos corrosivos) y APQ-7 (Líquidos tóxicos), siguen sistemas de clasificación diferentes.

La APQ-1 clasifica los productos químicos según su punto de inflamación, pero sin referencias a ninguna otra norma, la APQ-6 copia los criterios de clasificación de los Grupos de Embalaje de la Clase 8 del Código ADR de Transporte de Mercancías Peligrosas por Carretera y, por fin, la APQ-7, establece sus categorías conforme a la clasificación de la Directiva europea de etiquetado, los ya clásicos "Nocivo, Tóxico y Muy Tóxico",  pues bien, en los borradores de normas nuevas, corrosivos y tóxicos sí que pasaban a clasificarse conforme al CLP, pero los inflamables mantenían sus propios criterios... ¿no es más lógico armonizarlo todo?.

Pero en fin, el hecho de que las normas llegarían, con cierto retraso respecto a la entrada en vigor definitiva del CLP, pero en un horizonte cercano, compensaba todo lo demás.

Desde entonces, nuestros políticos no han hecho los deberes y la incertidumbre respecto a si tendremos o no nuevo gobierno lleva casi un año condicionando todos los proyectos normativos y reglamentarios.

Ayer por la mañana me llamó una empresa. Su central en Alemania les ha encargado un análisis para planificar una potente inversión de ampliación del almacén y convertirse en centro de referencia logística de productos elaborados en toda Europa para su distribución por la España, Portugal, Marruecos y Argelia. Unos veinte puestos de trabajo directos.

Se trata, sobretodo, de preparados para aplicaciones industriales clasificados como corrosivos o tóxicos, o ambas cosas y, como es lógico, vendrán ya clasificados únicamente conforme al Reglamento CLP... ¿qué criterios de clasificación de los productos debemos decirles a los alemanes que seguimos para determinar los requisitos técnicos del nuevo almacén?.

Soy de la firme creencia que en una economía globalizada, los gobiernos locales (entiéndase, municipales, forales, autonómicos o nacionales) tienen muy poco capacidad de influir a corto plazo en el devenir se su propia economía y, sin embargo, las decisiones concretas de éstos, pueden influir decisivamente en la capacidad competitiva de las empresas que operan en su territorio a medio o largo plazo.

Espero, sinceramente, que a pesar de la incertidumbre política tengamos nuevas normas APQ antes de final de año y que la matriz alemana de esta fábrica asociada no concluya, como sería lógico, diciendo... "creo que vamos a llevar la inversión a un país más serio".

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Ilustración cortesía de: Weapons and Warfare

jueves, 21 de julio de 2016

Registro de Delegados de Prevención: un caso de "síndrome de la bagatela de auditor"



Juanjo Navarro, el presidente de AVEQ-KIMIKA que confió en mí para dirigir la asociación, me dijo una vez: "El recurso más escaso de la industria es el tiempo de trabajo de sus profesionales"...  creo que ya se lo había contado alguna vez... ¿verdad?.

En AVEQ-KIMIKA, todo lo que hacemos parte de esta idea, de pensar que la mejor ayuda que podemos prestar a los profesionales de la industria es ahorrarles tiempo. Será por eso que cuando veo a alguno de ellos obligado a perder el tiempo en bagatelas, por no usar un término más grueso... me indigno.

Ayer a mediodía me encontré en la Gran Vía de Bilbao a la coordinadora de seguridad de una empresa industrial muy importante.

- Hola Eunate, ¿Cómo así por aquí... con el calor que hace?.

- Pues vengo del Gobierno Vasco. Del Registro de Delegados de Prevención... he echado allí casi dos horas y creo que para nada...

- ¿Y tú para qué has ido a ese registro?

- Es que en la auditoria de OSHAS nos sacaron una no-conformidad porque no constaba que los delegados estuvieran registrados y estoy tratando de arreglarlo.


Antes de contestar, respiré profundamente, conté mentalmente hasta 5 y...

- ¡Jo!... estamos ante un nuevo caso del "síndrome de la bagatela de auditor".... que es un síndrome que he identificado y diagnosticado yo mismo... vamos, que me lo he inventado:

"Bagatela", según el diccionario, es:

Cf. fr. bagatelle e it. bagatella.
1. f. Cosa de poca importancia o valor.

Tanto la palabra en francés, como en castellano, parece que proviene del italiano, en el que tiene el mismo significado. Está relacionada, no se sabe si una procede de la otra o viceversa, con la palabra bagattino, una moneda medieval italiana de la zona de Módena y Ferrara, de muy escaso valor. Ambas parece que vienen del latín baca, baya, fruta del bosque.

Por su propio significado, curiosamente, bagatella, designa también un género musical. Como era de esperar, se trata de una composición musical de estructura y melodía muy sencilla, normalmente para piano, creada como mera forma de diversión... aunque, en fin, algunas grandes obras de la historia del arte, como el "Para Elisa" de Beethoven, se clasifican en este género...

El "síndrome de la bagatela de auditor" es una enfermedad leve pero molesta que afecta a nuestras organizaciones. Tiene ciertas similitudes a las afecciones alérgicas orgánicas pues, al parecer, nuestra vida diaria se ha vuelto demasiado aséptica y nuestro eficiente sistema inmunológico se entretiene en atacar elementos que no son en realidad una amenaza.

En este caso, nuestro muy eficiente cuerpo de auditores, sobre todo en sistemas de medio ambiente y seguridad, tras pasar dos días revisando una empresa industrial, mirando hasta debajo de las alfombras, siente que no puede marcharse sin haber dejado su impronta. Tras cobrar un buen dinero a la empresa, tiene la inevitable sensación de que, si se marcha y en su informe no deja algo en lo que mejorar, diciendo solamente que el sistema está perfecto, no está haciendo bien su labor.

Yo les entiendo, la verdad.

Y, bueno, como son grandes profesionales y tienen experiencia, exploran hasta en lo más recóndito de la normativa para ver si pueden encontrar un incumplimiento, aunque sea pequeño, una desviación, algo que objetar... aunque sea... una bagatela.

Pues bien, no sé si derivado de la actividad del mismo auditor o auditora, durante este mes de julio ya he recibido la misma consulta tres veces respecto al supuesto incumplimiento de la obligación de registrar a los Delegados de Prevención.

Sí, este registro existe. Fue creado por el Decreto 225/2012, de 23 de octubre, del Registro de Delegadas y Delegados de Prevención de Riesgos Laborales de la Comunidad Autónoma del País Vasco (BOPV nº217 de 09/09/2012) que vino a dar cauce a un acuerdo de la mesa de Diálogo Social de Euskadi.

Las funciones del registro son inscribir a los delegados y delegadas, mantener sus datos al día, emitir certificaciones de esos datos si alguien con interés legítimo los pide y suministrar información a la inspección laboral... en la práctica, con toda sinceridad, ninguna.

La condición y labor de los Delegados de Prevención en las empresas es notoria y, si la Inspección quiere saber quién es el delegado, lo pregunta. No puede accederse a los datos por Internet ni nada parecido. Es, mucho me temo, un caso más de procedimiento administrativo que se auto-sostiene y que funciona únicamente porque.... existe.

Los funcionarios que lo llevan, entre otros cometidos, a los que tampoco gusta nada perder el tiempo, son conscientes de ello y, hablando en confianza, reconocen que le prestan una atención mínima y que no se revisan las inscripciones.

Pero, más allá de todas estas circunstancias, que ya aconsejarían a nuestro "sistema auditor" ignorar la existencia de este registro, como si de primaveral polen se tratara, el Decreto deja claro que la inscripción compete a los propios delegados y a sus sindicatos y que la empresa únicamente puede realizar el registro en nombre de los delegados previa autorización expresa y por escrito de aquellos.

Insisto: "puede"... no, "debe".... con el objetivo de ayudar a un tercero, al que el Decreto tampoco obliga en realidad a la inscripción:

Art. 6.1: "Una vez hayan sido designadas las delegadas y los delegados de prevención u órganos específicos que, en su caso, los sustituyan, podrán solicitar personalmente su inscripción en el Registro adjuntando documento acreditativo de dicha designación."

Díganme, por favor, si Eunate no estaría mejor trabajando en su fábrica, haciendo prevención, mientras escucha de fondo el "Para Elisa" de Beethoven, que perdiendo la mañana en ir al Gobierno Vasco.

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jueves, 23 de junio de 2016

Revisión de estanterías (o cuando lo perfecto es enemigo de lo bueno)





La ciencia jurídica, que es la ciencia que estudia las formas que tienen los seres humanos de regular, estableciendo normas que garanticen la convivencia en sus relaciones, tiene un principio básico: la vida, con toda su riqueza, no puede meterse en un libro.

Todos los casos posibles, las distintas realidades que pueden afrontar los seres humanos en el marco de su relaciones, no pueden ser previstas en todos los casos.

Esta circunstancia, este hecho objetivo, puede ser abordado por la redacción de una norma jurídica de dos formas: Puede tratar de establecer reglas muy detalladas y precisas de cómo llevar a cabo sus prescripciones, hasta el punto de dejar el mínimo margen posible para las interpretaciones diversas a las que pudiera darse lugar, evitando las diferencias derivadas de interpretaciones divergentes.

Así, por ejemplo, el código de ADR de transporte de mercancías peligrosas por carretera regula al máximo detalle las características de todos los elementos que deben acompañar a un envío por vía pública. Se entretiene en determinar, por ejemplo, los milímetros mínimos del ancho del borde del rombo que debe marcar las cajas de cartón que contienen seis botellas de lejía, lo que llamamos LQ o “clases limitadas”.

El control, en este caso, es sencillo pues basta con medir el ancho de dicha banda  y, si no llega a lo marcado, se estará incumpliendo la misma, y por lo tanto, dicho transporte podrá ser objeto de sanción.

Paradójicamente, esta sistemática provoca altos dosis de inseguridad jurídica pues genera normas de una extensión enorme, de muy difícil conocimiento por parte de los ciudadanos, y provoca grandes dudas cuando nos encontramos con algún supuesto que no esté expresamente previsto. Para contrarrestar este último problema, estas normas requieren de actualización frecuente, en el caso del ADR, cada dos años, lo que supone aún mayores dosis de inseguridad jurídica: ¿lo estamos haciendo bien?, ¿podremos seguir haciéndolo así el año que viene?.

Una alternativa, en su momento utilizada por la ley de prevención de riesgos laborales, es intentar justo lo contrario, utilizar un lenguaje genérico pero bien escrito, que permita ser aplicado a un número amplio de casos, adaptándose bien a distintas realidades pero, eso sí, requiere que todos los agentes intervinientes en el proceso de aplicación de la norma utilicen el menos común de los sentidos: el sentido común.

Siguiendo con el ejemplo anterior, bastaría con decir "la banda deberá ser suficientemente visible".

Es lógico que esta forma de regular ponga un poco nerviosos a los técnicos. No da muchas certidumbres pero, insisto, si todos los intervinientes en la cadena de aplicación de la norma utilizan la lógica y son razonables, en el fondo, es mucho más práctico utilizar este sistema que la alternativa de la hiper-regulación.

Sucede, que ese espíritu inicial con el que se aprobó en el año 95 la ley de prevención se ha ido desvirtuando en el transcurso de estos 21 años. La norma decía que las empresas debían evaluar y prevenir los riesgos que su actividad pudiera generar para sus propios trabajadores. No era posible decir, lógicamente, que está prohibido someter a los trabajadores a ningún riesgo en absoluto porque todos sabemos que el riesgo cero no existe en la realidad, no es posible alcanzarlo. Podemos trabajar con ahínco y la máxima diligencia humanamente posible y aún así, habrá un margen para que el riesgo se materialice y se produzca  un accidente.

A estas alturas ya se estarán preguntando qué tiene que ver todo esto con las estanterías.

Muy sencillo: periódicamente las empresas asociadas reciben ofertas de empresas especializadas en revisión de estanterías que empiezan por destacar la “necesidad” de realizar el programa de revisiones que aparecen en el apartado 6 de la NTP-852 “Almacenamiento en estanterías metálicas” que incluye un programa de inspección diaria, semanal, mensual y “anual por experto, realizada por personal independiente, competente y experimentado en esta actividad; con notificación, calificación y comunicación de daños”. Es decir, un programa tan exigente que si se cumple con la prescripciones de la NTP no se podría hacer prácticamente nada más.

Es por eso que todas las NTPs comienzan con una frase: “Las NTP son guías de buenas practicas. Sus indicaciones no son obligatorias salvo que estén recogidas en una disposición normativa vigente. A efectos de valorar la pertinencia de las recomendaciones contenidas en una NTP concreta es conveniente tener en cuenta su fecha de edición” pero, claro, traicionando el espíritu de la ley de prevención, el espíritu de la lógica y la sensatez, en caso de que algún accidente sucediera con las estanterías a alguien le dará por preguntar: “Ah, ¿pero no se seguía el programa de revisiones de la NTP?...” entendiendo cada NTP como una especie de ADR.

Pues bien, es importante poder responder que sí a esa pregunta, pero no se líen, un sencillo procedimiento respecto a las revisiones diarias, semanales y mensuales es más que suficiente.

¿Y respecto a las revisiones anuales?...  basta con incluir en la “Hoja de Visita” que se realiza con los técnicos del SPA un check-list bien pensado para una revisión de las estanterías y asegurarse de hacerlo al menos una vez al año.

Es imposible hacer y aplicar perfectamente “un ADR” de todos los aspectos de la prevención, y las estanterías son solamente uno más… y sí, intentar la perfección solamente lleva al bloqueo.

viernes, 3 de junio de 2016

Matar



Para comenzar suave, ganando audiencia, una pregunta filosófica de difícil respuesta: ¿matar es siempre algo "malo"? o, formulada la pregunta de forma más seria: ¿el acto de matar es siempre intrínsecamente negativo?.

Creo que obvia decir que no me estoy refiriendo, por supuesto, a seres humanos y, desde ya advierto, que me niego a debatir sobre la pena de muerte, una de las más horrendas barbaries que ha conocido la humanidad.

Respecto a los animales, confieso mis dudas y aceptó mis defectos y contradicciones. Durante mucho tiempo me negué a matar ningún animal, insectos incluidos. Si una mosca entraba en mi casa, me limitaba a atraparla con vida y expulsarla. Sin embargo, nunca he dejado de comer carne y, siendo realistas, lo único que realmente hacía, era delegar en otros la acción de matar, disfrutando yo de sus beneficios.

Pero soy consciente de que mi negativa a matar animales, a utilizar insecticidas en mi casa, se aprovechaba del hecho de que, durante muchos años, Europa ha sido ampliamente fumigada y tratada con ellos, desterrando enfermedades, antes endémicas en nuestro ámbito y hoy, por suerte o por esos esfuerzos más bien, desaparecidas.

Entre julio y diciembre 1821, por un brote de fiebre amarilla transmitida por un mosquito, murieron más de 6.000 personas en Barcelona. Hasta la proliferación del DDT, con toda la polémica que su uso ha supuesto, la malaria era común en los países de la Europa mediterránea y no fue hasta 1964 que la OMS declaró erradicada la enfermedad en España.

Mi actitud personal, infantil, contradictoria y un tanto egoísta, comenzó a resquebrajarse cuando mi hija era un bebé. Después unas cuantas mañanas de despertarla con unos terribles habones en la cara, provocados por picaduras de mosquitos, a modo de venganza, comencé a matar con saña a cada uno de aquellos malvados bichos que tenía la desgracia de cruzarse conmigo, dentro de mi casa.

Yo he aceptado mis contradicciones y las reconozco pero... ¿ustedes lo han hecho?, ¿la sociedad urbana occidental lo ha hecho?. Y digo "urbana" porque mi abuela, en su caserío, siempre tuvo clara cuál era la función y el último fin de los animales que criaba con tanta dedicación y cariño y, de crío, siempre me asombraba la sencillez con la que, cuando había que matar una gallina o un conejo, simplemente, los mataba.

Pero en este blog ya he hablado de los derecho de los animales, y ya me he llevado mis capones por ello, así que, hoy voy a ir un poco más allá y voy a insistir en mi incorrección política y provocadora al afirmar, con rotundidad, que matar es un hecho natural y que la naturaleza nos ha concedido la inteligencia y el derecho a usarla para proteger a nuestros hijos y protegernos a nosotros mismos matando.

- "Luis, tío, ¿ de qué vas?"

¿Me he pasado?... ¿en serio?.... ¿y si atempero un poco la afirmación diciendo que todo derecho implica una responsabilidad y que, para ejercerlo es imprescindible tener en cuenta el respeto estricto a la Sostenibilidad y al Desarrollo Sostenible?... ¿ni aún así?.

En fin, no se lo reprocho. Es básicamente mi postura respecto a las vacas y los chuletones: no quiero enterarme ni, por supuesto, verlo. Alguien mata por mí. La misma que adopta tanta gente cuando se habla sobre cómo funciona la Industria Alimentaria: "Es mejor no saber porque, si sé cómo se hace, dejaré de comer salchichas". Una postura cómoda. Infantil, pero cómoda.

Dicen los expertos, los que de verdad saben de estas cosas, que el cambio climático va a convertir el sur de Europa, en breve plazo, en una zona propicia para el desarrollo de mosquitos tropicales, vectores básicos de transmisión de enfermedades como zika, la malaria, el dengue o la fiebre amarilla.

Pues bien, la política europea de biocidas parece diseñada para acelerar este proceso.

"Biocida" un neologismo que no viene aún en el Diccionario de la Academia pero que, como han deducido perfectamente proviene de "bios" - "vida" en griego y que se agrupa con la misma terminación que homicida, parricida, genocida, suicida, regicida...  bonita compañía, ¿verdad?

Las pymes europeas se enfrentan al hecho de que, para registrar una formula con efecto "biocida" hay que presentar un expediente ante el Ministerio de Sanidad, que puede alargarse durante años, y cuyo coste, entre ensayos y tasas, supera los 100.000 €.

Entre otras pruebas hay que presentar ensayos normalizados de eficacia. Es decir, no solamente hay que demostrar que el producto es compatible con el Desarrollo Sostenible y que "no mata demasiado"... hay que demostrar que mata lo suficiente.... vamos, casi, casi, como lo que le piden a la homeopatía.

Supongo que la Unión Europea no querra ver casos de malaria en su territorio pero se ha metidos desde 1998 en una espiral que me recuerda a mi perfil de carnívoro con mala conciencia.

Mientras África y Latinoamérica luchan en una guerra a muerte contra los mosquitos incluso, con una práctica auspiciada por la OMS como la de distribuir mosquiteras impregnadas con el malvado DDT, los europeos no queremos mirar, no queremos saber: otros matarán por nosotros.

Espero que esos otros lo hagan bien y sea suficiente.

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viernes, 27 de mayo de 2016

El joven Henry Moseley


Provincia de Galípoli, Turquía.
8 de agosto de 1915.

Hacía calor aquel día, cuando Henry, teniente del Real Cuerpo de Ingenieros, se sentó en una silla frente al telégrafo, dispuesto a enviar las órdenes que le había dado su comandante.

Hacía calor, mucho calor. La legión de moscas, que acosaba a los soldados en las trincheras, era una pesadilla que obsesionada a Henry y a todos los soldados del cuerpo expedicionario anglo-francés. Le daba vueltas a porque, en aquel tórrido verano, en aquella abrupta península en la entrada de los Dardanelos, los estrechos que comunican el mar Egeo con el pequeño mar de Mármara, que finalmente conduce al Bósforo y al mar Negro, se concentraban moscas en tal cantidad. Pensaba cómo evitar que nubes negras de aquello insectos se arremolinaran sobre las heridas de los soldados o que abrir una lata de carne para el almuerzo fuera una pesadilla en forma de nube negra. Henry era científico y, cómo tal seguía pensando.

La campaña había sido un desastre. Y los soldados franceses, británicos, australianos y neozelandeses allí atrincherados, lo estaban pagando en sangre, en sudor, en hacinamiento y privaciones.

El primer lord del Almirantazgo, un joven llamado Winston Churchill, había tenido una idea francamente buena pero se había ejecutado muy mal.

El gran imperio ruso, aliado de Francia y Gran Bretaña, luchaba en un amplísimo frente contra Alemania y el Imperio Austro-Húngaro. Rusia disponía de un gigantesco ejército pero Churchill sabía, y Henry también, que la guerra moderna se gana en la logística.

Alemania y Austro-Hungría luchaban en dos frentes. Al oeste, en Francia y al este en Rusia. El inmenso ejército ruso sufría de enormes carestías y, en la guerra moderna, tan demandante de armas y municiones, de vehículos, de combustible para los vehículos y un largo etcétera, luchaba en inferioridad de condiciones.

Francia y Gran Bretaña querían y les convenía enormemente ayudar a los rusos, haciéndoles llegar material, equipos, medicina y comida en convoyes de barcos.

Hacerlo por el mar Báltico estaba descartado por una razón obvia llamada Armada Alemana. Los puertos del norte de Rusia, Múrmansk o Arcángel, además de las dificultades que provocaba el invierno, quedaban a más de 2.000 km del frente, con lo que eso supone en un país con tan pocas infraestructuras como la Rusia zarista.

Sin embargo, el Mediterráneo tenía un acceso mucho más fácil y solamente Turquía, el aliado más débil de los imperios centrales y su control sobre los estrechos del Bósforo y los Dardanelos, se interponían en ese viaje.

Pero todo se hizo mal desde el principio. La primera oleada de tropas de australianos y neozelandeses lucharon con bravura, a pesar de su inexperiencia, pero los comandantes ralentizaron el avance y permitieron que los turcos se atrincheraran en los altos de la península impidiendo con sus ametralladoras cualquier progreso.

Los británicos quedaron taponados entre el mar y las balas turcas. Sin más agua, ni comida que la que llegaba por barco, bajo el abrasador sol del Mediterráneo y siendo pasto de miles de aquellas malditas moscas.

Henry se pasó la mano por la frente y trató de apartarse el sudor de los ojos.... y eso que los cascos, decían, eran los nuevos modelos "de verano".

"¿Qué estarían haciendo su madre y su hermana en aquel momento?", se preguntó. Sin duda, julio y agosto es la mejor época del año en el sur de Inglaterra. "Cuando vuelva", pensó de nuevo, "voy a salir un poco más del laboratorio y disfrutar del aire, de la lluvia y los paisajes verdes".

En realidad, Henry solamente tenía 27 años pero había pasado los últimos 40 meses enfrascado en sus investigaciones y, bueno, sin pecar de falsa modestia, podía presumir de haber conseguido algunos logros. Su mérito no era otro que el de haber aprendido de sus maestros y, con la insolencia que solamente da la juventud, repensar lo aprendido y reformularlo. Dar un nuevo enfoque a un viejo problema.

La tabla periódica de gran genio ruso Mendeleyev tenía ya más de 40 años. Y era una obra de arte. En aquel enorme país, tan atrasado, un genio se había dado cuenta de que los elementos químicos podían ordenarse y, en función de sus características, adivinar las propiedades de elementos aún no descubiertos.

Pero, hasta entonces, la tabla se ordenaba en función del peso atómico de los elementos y algunas cosas no terminaban de cuadrar.

El joven Moseley, una vez graduado en Trinity College, ante la falta de oportunidades para investigar en Oxford, se trasladó a la Universidad de Manchester, donde se puso a las órdenes de Rutherford, que ya había ganado el premio Nobel en 1908, e impartió clases a jornada completa durante su primer año. A partir del segundo, pudo centrarse cada vez más en la investigación.

En 1913 volvió a Oxford,  siguió a dándole vueltas al problema de la periodicidad de los elementos y la medición de la difracción de ondas de alta energía en cada uno de ellos, es decir, a cómo cada elemento químico desvía los rayos X de forma diferente y, si midiendo está desviación era posible descubrir un patrón.

Y, ante el asombro y expectación de sus maestros, Henry construyó su propia máquina de rayos-X y comenzó a probar, uno por uno, los elementos conocidos.

Con ello descubrió que la característica esencial de la materia que marca la periodicidad y el orden de los elementos, no es el peso atómico, sino el llamado número atómico, el número de protones que componen el núcleo de su átomo. Tan lineal es la relación, que Henry predijo, años antes de ser aislados o sintetizados, la características exactas de 4 elementos que aún no se habían descubierto. De cuatro huecos que quedaban en la tabla.

En noviembre de 1913 publicó los resultados de su investigación y, casi unánimemente, la comunidad científica internacional le señaló como futuro ganador del premio Nobel. En apenas 40 meses, con una solución innovadora y sencilla, había solucionado un problema al que insignes químicos habían dedicado los últimos 30 años.

Y entonces la guerra se interpuso en su carrera. El Imperio Británico declaró la guerra a Alemania cuando las tropas del kaiser invadieron la neutral Bélgica para atacar Francia y Henry sintió que era su deber alistarse.

Su madre, sus compañeros y maestros se horrorizaron y le pidieron que desistiera pero cuando Henry estaba verdaderamente determinado a hacer algo, sencillamente lo hacia.

Henry Moseley murió 2 días después. Aún no había cumplido los 28 años y el premio Nobel de química de 1916 quedó desierto, al parecer, porque la normas del premio prohiben concedérselo a alguien que haya muerto.

Cuando los aliados finalmente desistieron y evacuaron Galípoli, en enero de 1916, unos 550.000 hombres habían muerto en aquella devastada tierra.

Pero la historia de Henry Moseley nos habla de dos cosas: de lo estúpidas que son las guerras y de que la nueva visión de la juventud puede ser el revulsivo, que, cualquier empresa humana, proyecto, aventura o investigación científica, que incluso su organización, sí, la de usted, necesita.

Ayer, 26 de mayo, Amets Moreno, nuestra coordinadora de seguridad cumplió 28 años. La edad que Moseley no llegó a cumplir. Amets, que comenzó a trabajar con nosotros con 26, en dos años, ha puesto el área de seguridad a un nivel, que antes de su llegada, ni hubiéramos soñado.

Quizás, al menos eso quiero pensar,  Juanjo Navarro, el presidente que confió en mí para dirigir la asociación, cuando yo tenía, precisamente, 26 años, llegó a pensar lo mismo.

Hace unos días, Jorge García del Arco, una de las personas que más sabe de innovación y de innovar de este país y que además la practica, compartió esta viñeta en su perfil de Linkedin:


Pues en AVEQ-KIMIKA llevamos muchos años liderando el cambio y, para hacerlo, necesitamos de nuestros jóvenes. Háganme caso, abran las ventanas dejen entrar aire fresco en su organización. Verán como compensa.

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